Lo suyo va de levantar edificios, ya sea sobre el terreno o para envolver un cuerpo. La extremeña Myriam Hurtado Ortiz (Llerena, 1966) lleva más de dos décadas dedicada a idear y proyectar espacios en los que poder vivir o trabajar, aunque durante los últimos años ha centrado su atención en realizar pequeñas construcciones geométricas que se pueden colgar al cuello, llevar en la muñeca y lucir en una pasarela. Para hacerlo traslada la arquitectura a la moda y, así, cada pulsera, collar, pendiente, cinturón, corsé y vestido que diseña se transforma en pequeñas obras arquitectónicas llenas de color y movimiento.

Arquitecta por vocación y apasionada del diseño, sus piezas rompen moldes y van más allá de ser simple ropa o bisutería. De hecho, su proceso creativo se sale del guión convencional de cualquier diseñador tanto por su forma de crear como por los materiales que utiliza. Elabora sus joyas y prendas de vestir una a una a mano. Usa horquillas y pinzas de pelo, así como otros objetos de la vida cotidiana. Su reto es descontextualizar cada pieza que elige. Reinventar esos elementos o, lo que es lo mismo, que no parezcan lo que son para convertirlos en otra cosa diferente. Para ello se inspira en arquitectos o corrientes artísticas y aplica técnicas profesionales adquiridas durante su formación como arquitecto. Juega con la luz, las sombras, el color, la geometría y las formas poligonales. «Es como hacer pequeñas maquetas, porque en realidad algunos diseños son pequeños edificios. Es la forma de expresar mi talento ahora que hay menos trabajo de arquitectura», explica.

Cuando su imaginación y sus conocimientos sobre construcción se funden, surgen creaciones artísticas que ya han protagonizado exposiciones, se han usado para el vestuario de actuaciones de danza o han formado parte de espectáculos visuales.